La cafetería elegida no era la misma donde Ariel y Carlos habían conspirado horas antes. Zeynep había seleccionado un lugar cerca del puerto, concurrido y ruidoso, donde el anonimato estaba garantizado por la multitud de turistas y trabajadores portuarios.
Zeynep apretó el bolso contra su costado. Sentía el sobre grueso en su interior como si fuera una piedra radiactiva. Respiró hondo, llenando sus pulmones con el aire salado del mar, y entró.
Carlos ya estaba allí. Ocupaba una mesa en una esqu