Zeynep marcó el número de Azra. El tono de llamada sonó una, dos, tres veces. Para Zeynep parecieron horas.
—¿Aló? —contestó la voz dulce y cansada de Emma al otro lado.
—Hermana... —Zeynep trató de que su voz no sonara acusadora, pero estaba agitada.
—Hola, Zeynep. ¿Sucede algo? Te oigo extraña. ¿Estás bien? ¿El bebé está bien?
Zeynep caminó hacia la ventana, mirando hacia los jardines donde horas antes Kerim se había despedido. Necesitaba claridad.
—El bebé está bien. Pero yo no. Hermana, qui