—Kerim... —empezó Emmir con voz de advertencia—. No es momento.
—Sí es momento —insistió Kerim. Se levantó y caminó hasta quedar frente al escritorio de su hermano—. Sé que él te amenazó, Emmir. Lo escuché todo anoche.
Emmir levantó la cabeza bruscamente.
—¿Qué?
—Estaba detrás de la columna, en el estacionamiento —confesó Kerim, con la voz llena de urgencia—. Escuché lo que te dijo. Escuché sobre los documentos, sobre el lavado de dinero en Chipre, sobre la cárcel. Sé por qué volviste con Ariel