Se detuvo y se giró lentamente. Emmir llegó a su lado, metiendo las manos en los bolsillos para ocultar el temblor que le provocaba el frío y el miedo.
—Escúchame muy bien, Emmir —comenzó Hakim, sin preámbulos—. Mi hija está en esa cama por tu culpa. Tú le rompiste el espíritu. Tú la humillaste.
—Yo no quería que esto pasara... —Intentó defenderse Emmir—. Nuestro matrimonio ya no funcionaba, Hakim. Yo solo quería ser honesto.
Hakim soltó una risa seca, carente de humor.
—¿Honesto? La honestidad