Durante los siguientes días, pensé en el divorcio que le había propuesto. Pensé en su cortante respuesta: No habrá divorcio. No mientras yo no lo decida.
Y por primera vez desde que las había escuchado, no me consumió la irritación y la rabia. No sentí frustración, solo dio paso a una nueva cuestión, una que crecía con la misma constancia silenciosa que todo lo demás en mi vida últimamente.
¿Qué hacíamos juntos?
No lo sabía. Yo no me sentía a la altura para intentar seguir a su lado, para esfor