A la mañana siguiente, el sol apenas comenzaba a despuntar en el horizonte cuando me levanté en silencio. Maximilian seguía dormido, con nuestro bebé acurrucado junto a él. Sus respiraciones profundas llenaban la habitación con una paz que contrastaba con el caos que se desataba dentro de mí. Me vestí rápidamente, eligiendo ropa sencilla que no llamara la atención.
Metí el papel que Christian me había dado en el bolsillo de mi chaqueta y salí con cuidado, asegurándome de no hacer ruido.
Sabía q