—¡Te dije que habrá horarios! —resonó su voz ronca y profunda desde el interior—. ¡Y mi horario de ducha comenzó hace exactamente cinco segundos! ¡Busca algo de ropa cómoda para mí en lo que termino!
—¡¿Qué busque ropa para ti?! —le respondí, indignada, dándole otra patada a la parte inferior de la puerta—. ¡¿Acaso tengo cara de asistente personal?! ¡Ojalá te caiga agua helada y te congeles esa enorme cabeza de ogro que tienes! ¡No pienso buscarte absolutamente nada! ¡Te vas a quedar envuelto e