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El roce del carbón contra la cartulina texturizada comenzó a volverse pesado tras varias horas de trazos ininterrumpidos. Mis dedos, cubiertos por una fina capa de polvo oscuro, protestaron con un leve calambre cuando solté el lápiz sobre la mesa. El dolor en la nuca me advirtió que había permanecido demasiado tiempo inclinada sobre los bocetos de la nueva colección a la que decidí darle un giro grande tras saber quién es el que pagará por mi colección. Sentí el cansancio acumulado de todo