El papel tenía dobleces que Elena no recordaba haber hecho, líneas blancas sobre el texto como si sus manos hubieran intentado guardarlo varias veces antes de que ella misma lo decidiera, y ahora estaba sentado sobre sus rodillas en esa sala pequeña del penal donde el aire siempre olía a desinfectante y a algo anterior al desinfectante, algo que ningún químico del estado de Nuevo León lograba cubrir del todo.
Rodrigo estaba al otro lado de la mesa.
No habló cuando ella entró. Tampoco cuando ell