Alaric dio el último paso, acortando la distancia por completo hasta que el calor de sus torsos se fusionó. Su respiración era pesada, áspera, rota por la tensión sexual que vibraba en la sala mientras la música seguía retumbando en las paredes.
—Anastasia... bailas muy bien, mmm —murmuró Alaric con una voz ronca, tan profunda que le reverberó a ella en el pecho. Sus manos grandes y pesadas bajaron directas a sus caderas, deteniendo el movimiento con un agarre firme y posesivo.
Anastasia lo mir