Una semana después del caótico bombardeo en la costa este, la calma en la mansión Turner era solo una fachada. El Protocolo 27 operaba a máxima capacidad, blindando cada rincón de la propiedad. En su habitación, Anastasia sostenía el teléfono encriptado que Thiago le había regalado, escuchando la voz de su amigo a través de la línea segura.
—Ay, muñequita, te juro que necesito un té de manzanilla de un litro —se quejó Thiago desde el otro lado, bajando la voz—. La insoportable de Delfina Genove