En la habitación de la mansión de Alaric, el ambiente era una mezcla de nerviosismo y expectación. Daysi ayudaba a Anastasia a elegir un vestido para la cena. Habían seleccionado un modelo sencillo pero elegante, de seda en tono champán que caía con suavidad sobre su piel.
Mientras la doctora le ajustaba los tirantes, Anastasia se observaba en el espejo. Su corazón latía con una fuerza inusual; sentía que esta noche cruzaría un umbral del que no habría retorno.
—Te ves radiante, Anastasia —come