Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, el ambiente era igual de tenso, pero de una naturaleza distinta.
Alaric Turner permanecía de pie frente a un ventanal inmenso que dominaba el perfil urbano de la ciudad. A su espalda, una presencia imponente aguardaba órdenes. Era Mike, su mano derecha y el hombre en quien Alaric confiaba su vida. Mike era un hombre de presencia colosal; su piel oscura brillaba bajo las luces del ático, resaltando unos músculos esculpidos por años de combate y