AURORA
Un mes después.
Limpio la barra de madera de la cafetería con movimientos automáticos, sintiendo el cansancio acumulado en la espalda. Este último mes ha sido un maldito infierno. He seguido enviando currículums a cuanta clínica y empresa existe en Los Ángeles, pero la búsqueda de trabajo como psicóloga no da frutos y las cuentas no esperan.
Mis padres me han llamado casi a diario desde Nueva York, insistiendo en que regrese, que deje de perder el tiempo aquí. Pero amo Los Ángeles. Hay a