SEBASTEN
Cruzo el bosque a paso rápido, abriéndome camino entre la densa vegetación junto a uno de mis hombres. El aire de la mañana, que antes se sentía fresco, ahora se percibe pesado, cargado de una humedad extraña que me pone los pelos de la nuca de punta.
Esto no me gusta —la voz de mi lobo brama en mi cabeza, inquieta, tensando mis propios músculos—. El ambiente está demasiado denso. Hay algo podrido en el aire.
Ignoro el aviso de mi instinto por un segundo para concentrarme en el guardia