AURORA.
Abro los ojos despacio y un hondo suspiro me sale del pecho. Me quedo mirando el techo desconocido por unos segundos, asimilando la realidad de que sigo atrapada en esta mansión. Me pongo de pie sobre la cama, sintiendo el cuerpo pesado, y mis ojos viajan de inmediato hacia el gran ventanal del fondo. Hay un balcón.
Necesito aire, necesito despejar mi mente de toda la farsa de la boda frustrada y del desastre con mi padre. Me acerco a la estructura de vidrio con desconfianza, estirando