AURORA
Marcus se arrodilla al lado de la camilla. Sus manos, antes frías y distantes durante nuestras últimas discusiones, buscan las mías con un desespero que me revuelve el estómago. Me abraza por la cintura, hundiendo la cabeza en mi regazo, sollozando con una fuerza que me parece completamente ensayada.
—Aurora, por favor... —su voz sale ahogada contra la tela de la bata de hospital—. Esto cambia todo. Es una señal de Dios. Podemos ser una familia completa. Voy a criar a nuestro hijo, me ha