SEBASTEN
En pocos minutos, tengo frente a mí a todo el personal: cerca de cincuenta personas entre los guardias y las empleadas del servicio interior. Se forman en un semicírculo perfecto, manteniendo un silencio sepulcral, esperando mi palabra.
Antes de abrir la boca, elevo la vista de manera sutil hacia el segundo piso de la mansión. Ajusto el ángulo y diviso la silueta de Aurora recortada en el balcón de su habitación.
Vence, apostado cerca me hace una seña casi imperceptible con la cabeza.