AURORA
Sebasten traga, deja sus cubiertos y me clava esas pupilas oscuras con una tranquilidad que me enerva.
—Es lo que necesito —me responde con su voz ronca, encogiéndose de hombros—. Es lo que requiere un hombre como yo para mantener su estado físico... ese que tus ojos no dejaban de reparar hace un momento en el vestíbulo.
Siento el calor subirme a las mejillas, pero me obligo a sostenerle la mirada, adoptando mi postura más profesional y fría.
—Te tienes mucha confianza —le espeto, cruzán