AURORA
—¿Qué tiene ese monasterio? —le pregunto, girándome hacia él mientras la camioneta avanza—. Háblame de ese lugar.
Sebasten suelta una risa corta y áspera, sin quitar la vista de la vía.
—Estás muy curiosa hoy, Aurora.
—Tu mundo me ha deslumbrado, Sebasten —le confieso de frente, sosteniéndole la mirada—. Me fascina y me aterra al mismo tiempo. Necesito saber a dónde me llevas.
Él asiente, conforme con mi franqueza, y responde a mis dudas con su habitual frialdad contundente.
—Es una fort