SEBASTEN
Me quedo en silencio por un segundo, procesando la información, calculando las variables.
—¿Qué me estás diciendo exactamente?
—Necesita ingerir tu sangre.
La frase cae como un bloque de plomo en el centro del despacho. Lo miro fijo, buscando algún rastro de duda en su expresión seria, pero no hay absolutamente ninguno. Es un dictamen irrefutable.
—Sangre —repito, sintiendo lo absurdo y complejo de la situación.
—Directa de la fuente, fresca y con alta concentración de tus células alfa