SEBASTEN.
Subo las escaleras con el dictamen del doctor Bellingham grabándome la mente a fuego. Llego a la planta alta de la mansión tras un día asfixiante y lo primero que hago es buscar a Gabriela en el pasillo de servicio.
—¿Cómo está Aurora? —le pregunto con voz seca, deteniéndola antes de que baje a la cocina.
—No salió de la habitación en todo el día, señor —me responde Gabriela, manteniendo una postura seria y distante tras los incidentes de la noche anterior—. Escasamente se tomó las vi