SEBASTEN.
Estaba de pie junto al ventanal de mi despacho, con un vaso de whisky intacto en la mano y la mirada perdida en la línea de árboles del bosque. La rabia contenida me tensaba la espalda. La orden del Consejo estaba en mi bolsillo, pero no me servía de nada si no tenía un blanco al cual dispararle.
Los informes tácticos sobre el escritorio seguían incompletos. Keith y los rastreadores llevaban horas peinando el sector, pero la confirmación exacta del paradero de Fayir no llegaba.
La pue