AURORA
Un murmullo tenso y áspero estalló al instante en la sala. Varios de los hombres sentados a los lados se reacomodaron en sus asientos, intercambiando miradas de evidente descontento antes de que uno de ellos, el representante de las castas del norte, golpeara la mesa con la palma de la mano.
—¡Eso es inaceptable, Sebasten! —exclamó el hombre, poniéndose de pie—. No ponemos en duda la traición de Fayir, pero otorgarte una carta blanca para una ejecución sumaria sin un proceso que sentaria