SEBASTEN
—Piénsalo bien —me dijo, acortando la distancia para apoyar la mano libre sobre mi pecho, sintiendo el latido acelerado y pesado de mi corazón—. No te estoy pidiendo que me entregues sin protección. Si estoy bien custodiada, si tú y tu guardia arman el perímetro perfecto, no habrá margen de error. Tus hombres son implacables, Sebasten. Tú eres implacable. Sé que no vas a dejar que me pase nada.
—Un solo fallo táctico, un solo francotirador que no veamos a tiempo, Aurora, y te pierdo —r