AURORA
El viaje de regreso desde la reserva hacia la casona se sintió distinto. El peso sofocante en mi pecho había desaparecido por completo; ahora llevaba a Christopher acurrucado contra mi piel, dormido, con el vientre lleno y el aroma a leche tibia mezclado con el agua del manantial. Sebasten me rodeaba los hombros con el brazo mientras caminábamos descalzos por el sendero de tierra, velando cada uno de mis pasos con esa devoción protectora que me devolvía el aire.
Pero en cuanto atravesamo