AURORA
El pequeño dio su primera succión firme, soltando un pequeño gruñido de satisfacción que me llegó directo al corazón. Cerró los ojos, concentrado en alimentarse, mientras sus manos continuaban buscando mi piel, presionando suavemente mi pecho con un movimiento rítmico, como si estuviera marcando su propio territorio.
Las lágrimas volvieron a mis ojos, pero esta vez eran puras, cálidas, nacidas del alivio de saber que podía alimentarlo, que mi cuerpo finalmente le estaba dando la bienveni