Kian Duncan
Un grito desgarrador rasgó el silencio de la madrugada. Me puse de pie de un salto, el corazón golpeando con fuerza en mi pecho. Fang se agitó con rabia, empujándome mentalmente con una sola palabra: Emma.
Corrí. Atravesé el pasillo con los pies descalzos, el frío del suelo no era nada comparado con la sensación de urgencia que me devoraba. La puerta de su habitación estaba entreabierta. El grito había cesado, pero se oían sollozos entrecortados y el inconfundible sonido de un cuer