Kian Duncan
El día había sido largo, lleno de informes, decisiones y un silencio denso que rodeaba la casa como niebla espesa, pero lo que realmente no podía sacarme de la mente era la loba gris. La había dejado en la enfermería, protegida, vigilada, pero seguía sin saber nada de ella. Sin nombre, sin palabra alguna. Solo esa mirada desconfiada que me seguía desde la esquina donde se había refugiado.
Entré en la enfermería con paso firme. El doctor me recibió al instante, dejándome pasar sin d