Julienne Percy
Había pasado un mes desde la noche en que Davian me dijo que me amaba. Lo recuerdo con una nitidez absurda, como si las palabras se hubieran tatuado en mis huesos, pero desde entonces, no lo volvió a decir. No es que necesitara oírlas todos los días, lo entendía. Davian no era un hombre de palabras dulces ni promesas al viento. Él demostraba con acciones… y las acciones estaban allí. Pero una parte de mí, una pequeña loba vulnerable que aún cargaba heridas abiertas, deseaba volve