Thomas apenas tenía cinco días de vida, pero su presencia había reconfigurado cada átomo de mi existencia. Me toqué el vientre, todavía sensible, y sentí un vacío extraño. Ya no estaba dentro de mí, pero su peso en mis brazos era mucho más real que cualquier imperio inmobiliario.
Escuché unos pasos suaves sobre el parqué. No necesité girarme para saber quién era. El aroma a sándalo y el peso de su presencia lo delataban. Julián se detuvo a un par de metros, respetando ese espacio de seguridad q