Siete meses de embarazo. El espejo me devolvía una imagen que apenas reconocía. Mi vientre era ahora el centro de mi gravedad, pero mis ojos... mis ojos eran los de alguien que había sobrevivido a un naufragio y había aprendido a amar el mar.
El ático había sido reformado. No quedaban rastros de los disparos ni del cristal roto. Ahora, las paredes blancas y los muebles de madera clara daban una sensación de paz artificial. Era mi fortaleza.
Julián entró en la habitación con una bandeja. No dijo