Lucas esperó hasta que el sol comenzara a bajar para moverse. Conocía bien los senderos ocultos detrás de la mansión, los caminos estrechos que serpenteaban entre arbustos densos y que los adultos rara vez usaban. El niño avanzaba con el corazón latiéndole fuerte, pero sabía que Lila confiaba en él y no podía defraudarla.
Llegó a la casa de Sara cuando las primeras sombras de la tarde se alargaban sobre el bosque. Era una construcción apartada, rodeada de altos pinos. Lucas se acercó con sigilo