Alfonso se acercó un paso más a Sara, mirándola directamente a los ojos. La mujer retrocedió dos pasos, chocando contra la pared. Lo conocía demasiado bien. Sabía que cuando Alfonso guardaba esa calma peligrosa, algo grave estaba a punto de estallar. Dirigió la mirada hacia las hojas que él sostenía en las manos.
—¿Qué haces aquí a esta hora, Alfa? —preguntó, con la voz un poco temblorosa—. Pudiste haber avisado. Si me necesitabas, habría ido a la manada.
Alfonso caminó todavía más cerca y leva