—Si es que van a dejar que Elena se muera, entonces díganlo de una vez —Lucas rompió el silencio, la voz le temblaba de rabia y miedo—. Ella está muy mal. No sé cuánto tiempo más va a resistir.
Lila levantó la mirada, el corazón se le contrajo.
—Vamos —dijo Alfonso sin dudar—. No hay que pensarlo.
Salieron corriendo hacia el hospital. Al llegar a la habitación, Elena yacía en la cama, más delgada y pálida que nunca. Sus ojeras eran profundas y sus pómulos estaban marcados. La respiración era