Lila se levantó rápidamente de la cama, se colocó una bata ligera y salió al pasillo. Dalton esperaba con el rostro marcado por el agotamiento y la preocupación.
—¿Desde qué horas está el cielo así? —preguntó ella, con la voz todavía ronca por el sueño.
Dalton negó con la cabeza, pasándose una mano por el rostro.
—No lo sé con exactitud. Llevamos varias horas así. Los síntomas se están extendiendo más rápido de lo que imaginábamos. La gente está aterrorizada, Luna. Algunos ya ni siquiera quiere