Alejandro bebía una copa de whisky, con los ojos fijos en la pantalla del ordenador. La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por el brillo azul del monitor. Todo lo que había averiguado últimamente sobre los lobos lo tenía fascinado. Mapas antiguos, registros ocultos, rumores de riquezas enterradas en grutas protegidas por magia. Pero lo que más lo obsesionaba era el potencial de esa tierra: oro, metales preciosos y secretos que podrían convertirlo en el hombre más poderoso del conti