Lila se separó suavemente del pecho de Alfonso, aunque estaba cansada, su rostro no lo reflejaba, se veía extrañamente radiante. Con manos temblorosas acomodó a cada bebé contra su seno. Los pequeños se prendieron con hambre natural, succionando con fuerza. Poco a poco, sus ojitos se cerraron y sus respiraciones se volvieron profundas y tranquilas.
Alfonso los observó con una mezcla de asombro y devoción que le apretaba el pecho. Tomó primero al varón y luego a la niña, colocándolos con infinit