Al final del día, y después de muchas consultas, regresaron a la mansión de la manada. Tanto Lila como Alfonso estaban realmente agotados. Ella, se suponía que era por el próximo parto, y no podía casi caminar. Y sobre todo, porque en su cuerpo habían unos extraños síntomas que no le permitían caminar tranquila.
La misma sensación de la mañana la atravesaba: un tirón profundo, como si algo dentro de ella se estirara y contrajera al mismo tiempo.
Se detuvo bruscamente y se recostó contra el bord