Esa noche durmieron juntos por primera vez desde el reencuentro. Lila se acurrucó sobre el pecho de Alfonso, escuchando el latido firme y constante de su corazón. Él la rodeó con un brazo, apretándola contra sí como si temiera que desapareciera en cualquier momento. Ninguno dijo mucho. Las palabras sobraban. Solo el calor de sus cuerpos y la pasión que los rodeaba a ambos era suficiente para el momento.
El amanecer llegó suave. Lila se despertó primero. Se levantó con cuidado, intentando no des