CAPÍTULO 39 Una cita hacia el abismo.
Pasaron un par de días más en los que la rutina del hospital se volvió casi soportable. Lila ya podía caminar sin sentir que el mundo se movía bajo sus pies. Sus mejillas habían recuperado algo de color y los cachorros se movían con más fuerza.
Esa mañana, mientras terminaban de prepararle el alta, su teléfono vibró sobre la mesita. El corazón le dio un vuelco. Lo tomó con manos temblorosas, convencida de que finalmente era él. Pero al abrir el mensaje, el nombre que apareció en la pantalla fue