—¿Salvarla? —susurra con burla mientras sus ojos, tan parecidos a los míos, brillan con esa crueldad que hiela la sangre—. No puedes salvar a quien no quiere ser salvada.
Sus palabras me atraviesan como cuchillas.
—Tú no sabes nada —escupo con rabia, aunque por dentro... dudo.
¿Y si tenía razón? ¿Y si todo fue una mentira? ¿Y si mamá me protegió de algo... que ella misma causó? No, no puedo dejar que se meta en mi mente. Mamá sería incapaz.
—Sabes que no miento —insiste, con esa sonrisa torcid