Cuando desperté y me enteré que Electra había desaparecido de la nada, sentí que mi mundo giraba. Esto me estaba matando y los demás no tenían respuesta alguna.
El espíritu de Hanna tenía una expresión impenetrable y en ningún momento dijo una palabra después de lo que nos había contado, al igual que su portadora.
Hanna se movia de un lado a otro y ya yo estaba perdiendo la razón, cualquier electrodoméstico que se chocaba conmigo no lo contó, estaba al borde de la locura.
—Son sus guardianes,