El lunes por la noche, a las ocho en punto, sonó el timbre. Isabel respiró hondo, una última vez, y abrió la puerta.
Jared estaba allí, y la visión le robó el aliento por un segundo. Llevaba una camisa azul oscuro, arremangada hasta los codos, y unos pantalones grises. Casual, pero impecablemente elegante.
No hubo un "hola" al principio. Sus ojos se encontraron y la electricidad fue instantánea. Él dio un paso adentro, dejando la botella de vino en una mesita cercana, y la atrajo hacia sí por l