El clic del micrófono sobre el atril fue el único sonido en un universo de silencio. Las palabras de Isabel, tan llenas de una dignidad inquebrantable, quedaron suspendidas en el aire del gran salón. Cientos de pares de ojos, antes cargados de juicio y curiosidad morbosa, ahora reflejaban una mezcla de asombro y un respeto recién descubierto. La narrativa había cambiado por completo. Ya no era un drama familiar; había sido una ejecución pública de una manipulación, y la verdugo, vestida de verd