Casa de seguridad – Mañana siguiente
El amanecer filtraba su luz dorada por los amplios ventanales de la casa de seguridad. Greco ya estaba en pie. Con una bandeja en mano, subió los escalones silenciosamente: café recién hecho, croissants, frutas frescas y un ramo de lirios blancos. Abrió la puerta con cuidado.
Arianna estaba despierta, sentada junto a la ventana, envuelta en una bata de lino. Sus ojos reflejaban una mezcla de calma y ansiedad, como si su alma aún no se atreviera a creer en la