El gran salón de la villa Leone estaba transformado en un santuario íntimo. Las paredes estaban cubiertas de flores blancas, orquídeas y rosas entrelazadas con guirnaldas doradas. Candelabros de cristal bañaban la estancia con destellos cálidos, y un tapiz rojo marcaba el pasillo central hacia un altar sencillo pero majestuoso.
Solo los más cercanos estaban presentes: la familia Leone, Arianna con los gemelos, Dante y Luciana con el pequeño Dante Ariel, y unos cuantos invitados escogidos por le