La noche avanzaba con la lentitud de un presagio. En la guarida, el silencio se rompía solo por el murmullo de las hojas de papel siendo hojeadas, y el tic-tac constante del viejo reloj de pared. Greco tenía las manos cruzadas tras la espalda, caminando lentamente en círculos mientras sus ojos repasaban las fotografías.
—Ruggieri está dejando migas de pan —murmuró.
Dante levantó la vista desde el plano de los muelles.
—¿Y si es una trampa? Podría estar manipulando el juego para enfrentarnos ent