El trayecto de regreso a La Fortaleza fue una tortura deliciosa.
El panel de privacidad del Maybach estaba subido, aislando a León y a Nuria del chófer, creando una burbuja de deseo. León no esperó a llegar a la mansión para reclamar su premio, sus manos, grandes y exigentes, ya estaban debajo de la falda del vestido rojo, recorriendo los muslos de Nuria, trazando el borde de la lencería de encaje.
Estás ardiendo —murmuró León contra su cuello, mordiendo la piel sensible justo debajo de la oreja