El Maybach negro se detuvo frente a la escalinata de mármol del exclusivo Club de Campo de Puerto Andraka. Nuria miró por la ventanilla tintada, afuera, bajo el sol del mediodía, se paseaba la flor y nata de la ciudad: esposas de políticos, empresarios, herederos aburridos, el mismo círculo social que la había juzgado durante años por no ser lo suficientemente delgada, lo suficientemente astuta o lo suficientemente "Armand".
Sintió que el estómago se le revolvía.
Respira —la voz de León a su lad